MarínGuevara: »Algo puede ser profundamente doloroso pero naif en apariencia»

El artista plástico habla de su último trabajo, ‘Cuchara’, que albergó Casas Consistoriales de Mazarrón

Ariana Gómez 09.09.2018 | 18:45 (Fuente www.laopiniondemurcia.es)

 
 

Mantenemos una distendida conversación con el artista plástico MarínGuevara a raíz de su último trabajo denominado Cuchara, »un compendio de múltiples ramificaciones» que desvela sutilmente su propio universo emocional. En este proyecto habla de los anhelos, los miedos, la vida, la búsqueda o el silencio a través de la escultura, la pintura, la instalación o la fotografía porque, tal y como expresa, »hay muchos lenguajes posibles con los que trabajar diferentes conceptos».

Iniciado en el grafiti en la década de los noventa, MarínGuevara (Fuente Álamo, 1979) se centró después en la pintura, la escultura y las instalaciones experimentales. Tal vez sus obras mantengan el influjo de su otra vertiente profesional –es psicólogo, con formación en Bellas Artes e Historia del Arte–, ya que plantea la ocupación del espacio expositivo como »campo de pruebas» e integración de los diferentes lenguajes con los que trabaja. Su bagaje artístico suma unas diez exposiciones individuales y numerosos proyectos colectivos de índole nacional e internacional, lo que concuerda con una mente inquieta con capacidad para activar el pensamiento crítico.

Cuchara, que albergó Casas Consistoriales de Mazarrón, hace »referencia a una posición para dormir en la que una persona abraza a otra, protegiéndola por la espalda». Comisariada por Pedro López Morales, la idea de protección se presenta en esta muestra como »un recurso necesario, una estrategia de defensa muy válida, que todos nos aplicamos en nuestra relación con los demás y con nosotros mismos», afirma.

 

© Fotografía por MJose Puche
 

La calidez de su voz contrasta con el concepto de oscuridad que encontramos en sus propuestas; recreaciones de un mundo imaginado pero consciente: »en Cuchara hay mucho de eso; ciertas piezas están muy decoradas, con colores llamativos o, incluso, estridentes, cuando en realidad son muy oscuras».

¿Cuál es el significado del color en este proyecto? »Busco una apariencia plástica concreta, cierto brillo, una similitud con la estética industrial, sobre todo en esculturas acabadas en resina de poliéster o a través del empleo de barnices en las pinturas. No solo he usado colores específicos para esta serie –cuenta– sino que, desde hace un tiempo, intento ceñirme a una paleta determinada que no varía demasiado».

Nos dice que el cromatismo puede explicitar ciertos temas para aportar sentido estético: »No se trata de hacer una separación entre fondo o significado de la pieza y uso del color; he maquillado las obras usando colores que nada tenían que ver con el sentido que había tras ellas; me gusta esa discordancia. Algo puede ser profundamente doloroso pero naif en apariencia», señala.

¿Puede hablarme de los temas centrales de su producción? »En principio es una pregunta difícil; podría hablar de cómo he llegado a definirme por unas temáticas muy concretas». Adelante, le pido con curiosidad. »En los últimos años he trabajado más en los procesos de producción, en los acabados plásticos de las obras. Pensaba que lo hacía de forma impulsiva a partir de varios temas, usando elementos diferentes, pero siempre giraban hacia lo mismo; en realidad existía un estado continuo, una especie de sombra subyacente en todos ellos, pero no me daba cuenta». ¿Se refiere a la conexión entre los elementos?, añado. »En este proyecto he sido más consciente de todos los recursos utilizados. He procurado no perderme en suposiciones y enfrentar las temáticas directamente. Es una búsqueda de luz y, a la vez, entrar en la oscuridad, un contraste intrínseco en cada persona».

¿Por esa razón Cuchara es una exposición autobiográfica? »Así es –dirige la atención hacia las obras-; hay muchísimos elementos que han tenido un papel importante en mi vida, que en algunos momentos me han llevado a cierto aislamiento emocional, sugiriendo esa posición de protección, o inspirado hacia una contemplación silenciosa. Digamos que los he usado como anclaje para establecer conexiones».

El enfoque de la propuesta, que se exhibió en las dos salas del edificio, refleja »desde la emoción más positiva al horror». El montaje fue planteado como una »búsqueda constante para equilibrar esos dos polos, enfrentando obras que, aunque individualmente funcionarían bien, juntas se contrarrestan», explica.

Desde una posición más intimista, MarínGuevara explora el silencio, la incomunicación, la búsqueda de la propia luz y la aceptación de la oscuridad o los patrones relacionales: »Siempre me ha interesado más la sugerencia que la expresión explícita, aunque esta última está muy presente».

Sus personajes »gritan, vomitan, sienten dolor, pero todos permanecen dentro de sí en una continua introspección. No aparecen con los ojos abiertos, no se relacionan y esa capacidad de las imágenes de no exteriorizar abiertamente es una expresión emocional evidente pero callada», comenta.

Existe, además, una paradoja entre la fuerza que adquiere el discurso y el silencio sugerido de las obras: »No diría que el silencio es poco comunicativo; las palabras, la verborrea, están sobrevaloradas. Hay demasiado ruido ahí fuera, por lo que cerrar los ojos, permanecer callado, es una maravillosa forma de comunicarse con los demás. Quizá parezca una actitud distante, pero creo que es más real, más emocional y más cercana a la que a menudo mantenemos por medio de las palabras».

Observamos una intervención artística en cada estancia. »Distribuí las obras y los conceptos mezclando diversas disciplinas artísticas, estableciendo diálogos entre las piezas».

¿Puede guiar nuestra mirada? »El salón de las cucharas plantea un lugar onírico, estéticamente atractivo a la vez que extraño. Por otra parte, La habitación de la madre y La habitación del padre cuentan, de alguna forma, la relación con mis progenitores, a través de elementos rescatados de la casa donde crecí. Así, La habitación de pensar narra un diálogo no consumado entre un padre y un hijo, y, por último, La habitación del hijo de la planta superior, es una colección de pinturas, personajes y sensaciones extraídos de mis sueños y reinterpretados. También hay una instalación con una cama llena de niños dormidos y asustados, en contraposición a un altar pagano, con una virgen y dos esculturas a modo de máscaras de esgrima». Son espacios vitales.

Una parte de esta última instalación es una »representación del miedo primigenio y se corresponde con la colocación en el mismo lugar (pero en la planta inferior) de una montaña de cucharas, símbolo de protección e imagen central de la exposición. Tal correlación no es casualidad, hay interconexiones entre las obras».

Le pregunto por las obras Mujer azul y Virgen dorada. »Ambas han formado parte de espacios diferentes dentro de la muestra. La primera es una fotografía que surgió durante la preparación final del montaje. Le pedí a la artista Miriam Martínez Abellán posar con una malla azul en la cabeza para un estudio de obra pictórica. Finalmente, la imagen era tan sugerente que deseché la idea de pintar el cuadro y continué con la expresión fotográfica porque lo que buscaba ya estaba ahí, no era necesario reinterpretarlo». ¿Cuál es su significado? »Es algo grotesco que se complementa con mi admiración por la película Pierrot le fou, de Jean Luc Godard, que sirve como contrapunto al ‘Salón de cucharas’. Esta instalación cierra la exposición y está realizada en PVC y resina de poliéster, rematada con una lámpara rota».

Virgen dorada es una escultura en resina, pan de oro y tubo de neón, modelada en plastilina a partir de la cabeza de su hermana Concepción. La obra es el reverso luminoso de la pintura que está colocada enfrente, Virgen negra, una interpretación pagana de una imagen mariana en actitud de rezo. »En este punto debo agradecer las brillantes aportaciones de mi comisario, Pedro López Morales, que en todo momento supo potenciar las obras y el diálogo entre ellas», resalta.

Contar lo que uno siente es un gesto muy atrevido, implica fortaleza, comento. »Es una forma de ser tú, el modo de ser coherente, de cumplir tu cometido, explorar vías de autoconocimiento y, en último sentido, conectar con otros, o no hacerlo. En cierta forma es lo de menos». ¿Y usted por qué lo hace?»Eso es tan evidente como preguntar a una vela por qué arde cuando se enciende». ¿Desea despertar algo en el espectador? »Si esperara algo me estaría equivocando de enfoque desde el principio; cuando planteo una intervención en un espacio expositivo no lo hago de forma intuitiva ni inconsciente. Me interesa proyectar una serie de espacios personales, construir lugares en los que viviría; donde sentir miedo, alegría o extrañeza. Lo primordial es la coherencia, trasladar una imagen mental o emocional a una realidad concreta, quizá para la que la vivan otros o, muy probablemente, para habitarla yo».

¿Qué le inspira? »Uno no deja de recibir referencias continuamente, no solo en el arte, y es difícil no dejarse influir; aunque tengo muy presente que una cosa son las influencias externas y otra el propio desarrollo de tu trabajo. Todo está filtrado por tu vida, tus experiencias, tu educación. Me inspira el buen cine, los momentos de extrañeza y oscuridad, el fondo y la apariencia de las cosas, el post-punk, cierta literatura, conducir de noche, los momentos de pausa y aislamiento, los souvenirs de mirilla y un largo etcétera, pero sobre todo escucharme, cuando lo consigo. Aunque más que referentes, mencionaría un par de recuerdos».

Por favor, solicito con vehemencia. Las jaulas de Louise Bourgeois, me dice. »Hace unos años visité una exposición suya en el Guggenheim de Bilbao y no recuerdo haber visto antes tanta implicación personal en una obra como la de esta artista que trabajó durante toda su vida enfrentando sus traumas con valor y eso es muy palpable en su trabajo. Sentí durante horas un nudo en la garganta».

Me cuenta también que le conmovió muchísimo descubrir la interpretación que el resto de miembros supervivientes de Joy Divison, ahora New Order, hacía de las letras de Ian Curtis, letrista y cantante del grupo. »Años después de su muerte comprendieron que el pánico que sentía y el contenido de las canciones eran reales; creyeron que se trataba de poesía, cuando era dolor propio. Debió de sentirse muy solo entre ellos», comenta pensativo.

¿Qué le duele del mundo? »Muchísimas cosas, aunque, últimamente, la impostura en las redes sociales. Nos movemos en un mundo donde vivimos varias vidas paralelas, la real y la que queremos proyectar». ¿A qué cree que es debido? »Al miedo, a la inseguridad, al ego. Perdemos tanto tiempo intentando convencer a los demás de lo que no somos que acabamos convirtiéndonos en la máscara que portamos. Me da miedo el porvenir en este sentido; los niños que están creciendo en este mundo de apariencias y mentira. Me pregunto si habrá relaciones auténticas en el futuro, si agravará la soledad que sufrimos, si seremos íntegramente inadaptados».

¿Qué trama en sus próximos proyectos? »Estoy trabajando en varias series desde hace unos años: Personare, una colección de dibujos y pinturas basados en el grito y en el hueco de la boca de las máscaras del teatro griego y la serie Ego, formado por esculturas de cabezas humanas realizadas en diversos materiales (cemento, resina de poliéster, metacrilatos y neones), parte de la cual que se expuso en Zaragoza el pasado año».

Junto a la serie Mater Amata, iniciada en 2014, una interpretación »muy personal» de iconografía religiosa, MarínGuevara presentará todos estos proyectos en Murcia y Madrid durante 2019 y 2020; »todo a su debido tiempo», aclara.

Para finalizar, me intereso sobre su concepción del arte. »¿Se ha fijado en lo bonita que es la palabra aguacate?». Con esta respuesta y un gesto amable y desenfadado concluye nuestra conversación.

Fuente original: https://www.laopiniondemurcia.es/cultura-sociedad/2018/09/09/maringuevara-profundamente-doloroso-naif/953150.html?fbclid=IwAR1atu9puzxwQg9N0MalE7KqHdMm6HHfEAaBp_ZvlaTyUvC7hfYNRRabhcM

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