Entre patos y vinos. Crítica de Mara Mira

Entre patos y vinos

 

Mara Mira 28.11.2015  (Fuente www.laverdad.es)

Dos años ha cumplido Espacio Pático surfeando la cresta de la cultura murciana. En la apertura, su gestora, Mamen Navarrete, manifestó una intención, convertirse en un referente cultural sólido de la ciudad. Difícil empeño. Los locales de estas características (ocio-cultura) antes o temprano dejan de lado la cultura en beneficio de copa y nocturnidad. No ha sido el caso, la entusiasta Navarrete (ahora con la colaboración de Teresa Martínez) ha ampliado su oferta sumando la gastronomía de proximidad, todo ello, ya digo, sin mermar un ápice la variada oferta cultural. Aconsejo seguir su facebook porque los eventos se suceden con una secuencia vertiginosa y no resulta sencillo. El espacio muta en cada concierto acústico, sesión de cine, presentación de libros, birraseries, actuaciones de danza, etc. Hasta la consejera de Cultura y Portavocía de la Región de Murcia, Noelia Arroyo, escogió hace un mes este lar para un encuentro con algunos artistas -convocados por la propia Consejería- en detrimento de los variados espacios oficiales que gestiona.

El conjunto de la programación expositiva conjuga todo tipo de disciplinas: pinturas, dibujo, fotografía, grabados… Hay de todo, pero sin andarme por las ramas advierto que allí se convocan más visitantes que en cualquier centro oficial de esta ciudad… El fiel público, entre café y menú, observa las obras con interés y a éste hay que sumar al público de eventos de otra índole. Visto el percal, no debe extrañarnos que los artistas, sobre todo los jóvenes, manifiesten su interés por exhibir allí.

Ahora mismo cuelga una exposición del psicólogo y artista MarínGuevara (Murcia, 1979), quien ha reunido un compendio de 21 pequeñas instalaciones. En las mismas “se potencia la reconstrución nociva para resolver conflictos internos del ser humano”, según palabras del crítico Pedro López Morales, quien ha escrito un excelente texto ad hoc. El resultado; un pequeño teatro del absurdo interpretado por jaulas que encapsulan relatos raros con personajes extraños. Sin grillos ni pájaros, estas cárceles son pintadas cada una de un color, mientras en su angosto interior adormecen materiales muertos y productos residuales (alambres, espuma de poliuretano, escayola, lana, trozos de PVC). Lo mejor, el único cuadro que bien remite a su sugerente título, La historia del hombre apático que quería ser un pato.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.